
Mujeres y ciencia
Por Elena Salamanca
Este texto fue leído íntegramente por la historiadora Elena Salamanca en la presentación del libro biográfico María Isabel Rodríguez. Su vida, sus tiempos. En esta breve reflexión, Elena reflexiona sobre la biografía de María Isabel y también sobre la encrucijada entre mujeres y ciencia en el presente.
Un saludo a la Doctora María Isabel Rodríguez, a las autoridades universitarias, a las delegaciones diplomáticas, a las representaciones de organismos internacionales, a autoras, autores e investigadores de este libro y a quienes nos acompañan esta mañana.
En nombre del equipo editorial de María Isabel Rodríguez. Su vida, sus tiempos, agradezco la oportunidad de participar en este acto, para, a partir de la trayectoria de la Dra. Rodríguez, compartir unas pequeñas reflexiones sobre mujeres y ciencia.
De una sola mujer en el salón universitario, a muchas mujeres en las ciencias
Como veremos en el registro fotográfico elegido, la Dra. Rodríguez pertenece a esa generación de mujeres conocidas como “la única mujer en la clase”, “la única mujer en el salón”. Así también se llama un conocido libro sobre las mujeres en la ciencia de Eileen Pollack. La autora parte de una pregunta importante: ¿Por qué aún hay pocas mujeres en la ciencia? A medida que las imágenes avancen, veremos cómo María Isabel es la única mujer en la fotografía, hasta que poco a poco sean muchas más mujeres las que la acompañan.
El libro que ahora recibirán es un libro homenaje que presenta y analiza los principales hitos de su trayectoria científica. Pero es, sobre todo, un llamado imperativo a seguir luchando por el acceso a la educación y a la ciencia para las mujeres y las niñas en El Salvador y Centroamérica.
Inscrito en varias categorías: historia de la ciencia, historia de la salud, historia de la educación, historia política, y divulgación de la ciencia, está inscrito en un campo más: el de la historia de la educación de las mujeres.
Una protagonista del siglo XX
María Isabel Rodríguez. Su vida, sus tiempos es un libro que recorre la trayectoria intelectual, científica, social y humana de María Isabel Rodríguez. Coloca marcos, enfoques y procesos históricos en una biografía. Este libro reconoce que María Isabel Rodríguez trabajó desde el conocimiento situado, las relaciones interdisciplinarias y tejió redes intelectuales y colaborativas a lo largo del continente. Hasta ahora, la Dra. María Isabel Rodríguez ha recibido 14 doctorados honoris causa, ha sido reconocida como heroína de la salud por la OPS, y ha recibido otros reconocimientos nacionales e internacionales.
Desde sus primeros años, las redes intelectuales y amistosas la condujeron a experiencias personales, intercambios intelectuales y culturales, circulación de ideas y tecnologías que marcaron sus proyectos científicos. Su maestro Saúl Flores le abrió el mundo hacia una científica que la guiaría: Marie Curie. Y durante sus primeros años en México, a inicios de 1950, las cenas en las casas de sus profesores, como las veladas con el Dr. Rudolf Zuckerman, le presentaron pluralidad del mundo, con sus ideas, contextos, tragedias y solidaridades, fueron esas sus primeras redes transnacionales. Son muchos los nombres de maestros, colegas y compañeros en su trayectoria.
Diversos nodos en su tejido la llevaron hasta ser parte del movimiento de Medicina Social y el Programa de Salud Internacional, entre 1970 y 1990. Durante este tiempo, se mantuvo conectada con sus colegas en la Universidad de El Salvador y los que se encontraban en la diáspora o el exilio. Su capacidad de urdir entramados colaborativos de larga duración ha logrado ejecutar programas y experiencias por los cuales hoy la salud es un derecho humano.
Las mujeres y la ciencia en El Salvador
La Dra. María Isabel Rodríguez ha sido la primera mujer en muchos campos, en diversos tiempos, siempre comprometida a visibilizar los hilos que sostienen la vida de las mujeres y permiten que otras, como ella, logren transitar los angostos y adversos caminos que el sistema patriarcal les había destinado como márgenes. “Hemos sido eliminadas a través de mecanismos muy finos de discriminación”, dijo la Dra. Rodríguez en 2017 en una entrevista para prensa.
Detrás de la Dra. Rodríguez estuvieron sus tres madres, quienes la criaron y la apoyaron. Y junto a ella estuvieron y están muchas mujeres. Estudiantes, docentes, decanas, científicas, médicas, enfermeras, promotoras de salud, abuelas, madres, hijas, hermanas, nietas. Hablar de la Dra. Rodríguez es también hablar de pluralidad.
La Universidad de El Salvador, fundada en 1841, ha sido la cuna de la ciencia en la que las mujeres pudieron situar, no sin dificultades y oposiciones, su espacio. En 1889, Antonia Navarro, primera ingeniera de la Universidad de El Salvador y de Hispanoamérica, registrada hasta ahora, se graduó como ingeniera topográfica, defendiendo su tesis sobre la luna de mieses o luna de la cosecha, un fenómeno que se presenta precisamente en la fecha de aniversario de tesis, cada septiembre.
Entre la defensa de tesis de Antonia Navarro y la de defensa de la tesis María Isabel Rodríguez, “Acción del tartrato de ergotamina sobre el electrocardiograma normal” pasaron 60 años. En la década de 1940, tres mujeres se inscribieron y se graduaron de la carrera de Medicina en la Universidad de El Salvador. Sus graduaciones fueron sucesivas: Stela Gavidia de Grabowski, en 1945; Adela Cabezas de Allwood en 1948; y nuestra homenajeada, María Isabel Rodríguez, en 1949. El Salvador contó con sus primeras médicas especialistas en Ginecología, la Dra. Gavidia de Grabowski; Nutrición y Pediatría, la Dra. Cabezas de Allwood; y Cardiología, la Dra. María Isabel Rodríguez.
Durante un siglo han sido múltiples las mujeres que tuvieron que salir de El Salvador para desarrollar sus carreras científicas, como la misma Dra. Rodríguez o la joven talento en Matemáticas Nahomy Jhoselin Hernández Cruz, quien se graduó como ingeniera aeroespacial del Instituto Tecnológico de Massachusetts en 2014, y fue parte del Programa de Jóvenes Talento en Matemáticas de la Universidad de El Salvador, fundado por la Dra. Rodríguez. Muchas mujeres salen aún, salimos del país, porque necesitamos espacios para desarrollarnos en las ciencias, las artes o las humanidades. Parte de la gran labor de la Dra. Rodríguez ha sido abrir espacios para que las mujeres y las niñas se puedan desarrollar en el país en el que nacieron, como el Programa Jóvenes Talento, el Centro de Estudios de Género, la Licenciatura en Historia, entre otros programas y centros fundados durante sus rectorados en la Universidad.
Aunque parte de la trayectoria de María Isabel Rodríguez se realizó en el exterior, formándose en institutos científicos, universidades y organismos internacionales, ella siempre volvió al país. Volvió para ser docente, decana y rectora de su alma mater que hoy celebra el lanzamiento de este libro.
La interseccionalidad de las ciencias
Para cerrar, quiero recordar que la Dra. Rodríguez ha aplicado la interseccionalidad y multidisciplinariedad en sus prácticas, proyectos y equipos de trabajo. Esta aplicación puede analizarse a través de su trayectoria y de las políticas públicas de salud. En muchos resultados, se puede identificar la importancia de la aplicación de la perspectiva de género en la ciencia y las políticas públicas. Ahora podemos identificar lo que se llama éticas y políticas del cuidado conectadas a la salud pública en varias medidas y programas durante su gestión como Ministra, como la reducción de la mortalidad materno infantil, la creación del banco de leche humana, la perspectiva comunitaria de salud. La lucha por el acceso a la educación y el acceso a la salud atraviesan con dificultad aún la vida de las mujeres y las niñas en El Salvador.
Por eso, este libro demuestra que la educación es un derecho y una lucha y que una niña que sueña con estudiar cada vez más, como conoceremos a Chabelita en el capítulo 1, puede llegar a convertirse en una científica cuyas investigaciones tengan alcances para mejorar la vida de varias generaciones, como la ministra de Salud de El Salvador que la Dra. María Isabel Rodríguez llegó a ser, como leeremos en el capítulo 8. Este libro también debe hacernos reflexionar sobre las condiciones objetivas que un país debe tener para ensanchar el camino de las mujeres y las niñas en la ciencia y la educación.